Se trata de la mayor revisión del SI desde su propia instauración en 1960, y hay una buena razón para llevarla a cabo. Científicos de todo el mundo acordaron en una reunión que tuvo lugar la semana pasada en París cambiar la forma en que medimos el amperio, el kilogramo, el kelvin y el mol por métodos más fiables que, por ejemplo, el peso de un metal que puede perder átomos fácilmente o absorber moléculas del aire.
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